Cirugía Artroscópica

Cirugía Artroscópica

La cirugía artroscopia se lleva a cabo para la reparación o el diagnóstico de una lesión producida dentro de una articulación. Se utiliza el artroscopio, una herramienta que consiste en una cámara de tamaño pequeño que se conecta a un monitor de modo que el cirujano pueda ver el interior de la articulación sin necesidad de realizar una incisión de gran tamaño. Es una técnica de mínima invasión, que produce menos daños en los tejidos y favorece la recuperación del paciente. 

¿En qué consiste esta intervención quirúrgica?

En esta cirugía se realizan entre dos y tres incisiones de aproximadamente 2 y 4 centímetros alrededor de la articulación dañada—suele ser común en el área de la rodilla o el hombro—. Mediante una de estas incisiones, se introduce solución salina, lo que permite observar la cavidad articular de forma más clara. 

Y a través de otra de las incisiones creadas, el cirujano introducirá una diminuta cámara para observar el interior y poder realizar la operación correctamente. El resto de las incisiones se utilizan para introducir los instrumentos quirúrgicos necesarios que asisten el procedimiento. Una vez concluido, se retiran los instrumentos y la solución salina del interior de la articulación, se suturan las incisiones y se procede a colocar un vendaje en la zona. 

Suele ser realizada bajo anestesia regional o general, con fines terapéuticos, para corregir alguna afección o de forma diagnóstica para conocer posibles daños en las articulaciones. 

¿Existen riesgos o complicaciones?

En complemento a los riesgos generales de la anestesia y cirugía que incluyen reacciones alérgicas a medicamentos, problemas respiratorios, sangrado e infección, existen complicaciones adicionales:

  • Sangrado dentro de la articulación. 
  • Daño al cartílago, meniscos o ligamentos. 
  • Coágulos de sangre. 
  • Lesión de vasos sanguíneos o nervios. 
  • Infección en la articulación.
  • Rigidez en al área tratada. 
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